Este fin de semana no sentí como una turista.Aunque viajé a una ciudad nueva, San Sebastian, el ambiente era muy calmo y relajado. Me alegro de sentir menos como una turista y un poco más como una nativa. Creo que mi experiencia era así por algunos razones diferentes. Primero, yo fui a San Sebastian en el otoño, cuando hay menos turistas en general. Hablando con la gente de esta región, confirmé que durante el verano, todas las playes y la parte vieja de la ciudad, donde yo quedé con unos amigos, están llena de gente. Todavía hacía calor este fin de semana, aunque no pudimos hacer algunas actividades típicas del verano, como alquilar un kayak o tomar el barco a una isla pequeña. Pero además del tiempo específico, creo que las relaciones personales que formé con la gente de San Sebastian que conocí eran las más importantes.
Primero, quedar en un hostel pequeño le da a cualquier persona la oportunidad de conectar con gente nueva. Describo la cultura de todos los hosteles en que he quedado como un espacio para los viajeros jóvenes, personas que no tienen los planes definitos - una cultura abierta con fluidez y intercambio. Los dueños del hostel eran muy amables desde el principio, y, como estaba viajando con un grupo muy pequeño, podíamos salir fácilmente con ellos por la noche. Los bares y los clubs donde fuimos estaban llenos de españoles del norte de España. Además, los deuños nos dirijeron a los bares de pintxos que ellos le gustan más (¡increíbles!). Pasando unas horas en la playa por la noche también, tenía la oportunidad de hablar con ellos sobre unas diferencias entre nuestras culturas y de nuestras perspectivas. No oldivaré este fin de semana porque, además de las playas y vistas bonitas, tuve la suerte de conectar con unas personas auténticas.
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